Encontrar una solución económica y poco exigente a nivel energético para purificar el aire y reducir la presencia del polen de las plantas y otros contaminantes invisibles como el polvo, los hongos, las bacterias o los virus, que contribuyen a una mala calidad del aire y pueden ser perjudiciales para la salud, es todo un reto.
Ahora, un equipo de científicos del Departamento de Investigación del Medio Ambiente Urbano del Instituto Coreano de Maquinaria y Materiales (KIMM) ha desarrollado una tecnología de reducción de partículas ultrafinas sin filtro de alta capacidad que ya se está poniendo a prueba en grandes instalaciones públicas como el metro, colegios y grandes almacenes.
Los componentes básicos de los dispositivos de purificación del aire son un motor, un ventilador y un filtro de aire. Los primeros son los encargados de hacer circular el aire, mientras el filtro es donde se acumulan las partículas a medida que pasan por la máquina.
En los últimos años, algunos enfoques han apostado por eliminar el filtro gracias a la precipitación electrostática; y para ello hacen pasar el aire contaminado por una sección de ionización, lo que permite extraer partículas grandes y finas del aire y atraparlas para su eliminación.
Según cuenta el diario digital El Español, estos purificadores emulan el funcionamiento de los imanes, añadiendo a través de un generador de iones una carga eléctrica positiva a las partículas. Con el objetivo de atraerlas y eliminarlas, los purificadores electrostáticos incluyen una placa plana con carga negativa donde se quedan pegadas.
Sin embargo, dado el alto voltaje necesario, estos sistemas también producen ozono, que en grandes concentraciones puede ser incluso más perjudicial para la salud que las partículas que se pretenden retirar.
La apuesta del KIMM pasa por una tecnología ecológica de purificación del aire que reduce las partículas ultrafinas sin necesidad de filtros y minimizando la generación de ozono. Para ello, incorpora electrodos de descarga de microfibra y placas de carbono no metálicas, lo que le permite eliminar más del 90 % de las partículas ultrafinas (PUF), que tienen un diámetro inferior a 0,1 micras. La otra ventaja de este sistema es su escaso consumo energético, que permite su uso a gran escala en todo tipo de espacios públicos.
En cuanto al ozono, a diferencia de los métodos electrostáticos convencionales, el método logra unas emisiones inferiores a 5 ppb (partes por billón), una décima parte de la concentración habitual en condiciones atmosféricas generales; y lo hace además evitando los inconvenientes de los sistemas tradicionales basados en filtros, que requieren un alto consumo de energía y sufren una disminución del caudal de aire debido a la obstrucción, por lo que requieren costosas sustituciones y un exigente mantenimiento.
Tras superar minuciosas pruebas de laboratorio, la tecnología del KIMM ha permitido fabricar varios prototipos de grandes dimensiones. Los primeros se instalaron en los túneles y en tres estaciones de metro de Daejeon, ciudad situada en el centro de Corea del Sur, donde llevan funcionando desde hace más de un año.
El sistema hace pasar una pequeña corriente eléctrica que fluye a través de electrodos micrométricos más finos que un pelo humano para generar iones negativos, que se adhieren de inmediato al polvo fino. En las placas colectoras, 300 electrodos están dispuestos en una superficie de unos 4 metros cuadrados para atraer esas partículas.
El sistema ha mejorado considerablemente el método de limpieza; y en lugar de grandes cantidades de agua, que además del gasto implican un largo periodo de secado, el dispositivo desarrollado por el KIMM utiliza aire para dirigir el polvo hacia un depósito, lo que permite automatizar la limpieza por las noches.