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Cuando se padece urticaria crónica espontánea...

Se calcula que la urticaria crónica espontánea afecta a casi el 1 % de la población general, y aunque no se trata de una enfermedad mortal, comporta una importante pérdida de la calidad de vida de quienes la padecen, algo que se puede paliar con los tratamientos adecuados y una buena educación para la salud.

El término urticaria procede del latín urtica, referido a la planta que conocemos como ortiga, y tiene que ver con la comezón que dicha planta produce en nuestra piel cuando la tocamos. La Dra. Ana María Giménez-Arnau, responsable de la Unidad de Inmunología-Alergia Cutánea y Fotobiología del Servicio de Dermatología del Hospital del Mar (Barcelona), la describe como una enfermedad cutánea que se caracteriza por una lesión elemental en la piel: el habón, una mancha rosada o eritematosa muy pruriginosa que en pocos minutos se vuelve edematosa y gruesa, y que en menos de 24 horas desaparece.

Es necesario diferenciar la urticaria crónica de la aguda. "Las personas con urticaria crónica se ven afectadas de forma habitual por la aparición de habones durante un tiempo prolongado" ha explicado la Dra. Giménez-Arnau.

Que sea crónica no significa que sea una enfermedad para toda la vida, sino que el episodio que se desencadena a partir de un momento dado se prolonga más de ese periodo citado de 6 semanas. Se calcula que el 50 % de los afectados necesita tratamiento durante 1 año, un 20 % durante 3 años y otro 20 % durante 5 años. Excepcionalmente hay pacientes que sufren episodios hasta un periodo de 10 años.

Una de las cosas que más resalta la Dra. Giménez-Arnau es que la urticaria crónica no es una alergia, como mucha gente pueda pensar, es decir, no se debe a algo que la persona haya comido o haya tocado. «Aparece en personas predispuestas a presentar esta enfermedad, y el estímulo desencadenante puede ser variopinto –señala–, pero la gran mayoría de urticarias crónicas espontáneas tiene un mecanismo endógeno autoinmune".

Gracias a la respuesta a los tratamientos biológicos, cada vez conocemos mejor que tiene lugar una sobreexpresión de alta afinidad de la inmunoglobulina E (IgE). Este receptor se puede estimular con una IgE contra un agente exógeno, pero también contra un propio anticuerpo interno. Por ello, las bases autoinmunes de la urticaria son probablemente responsables de la mayor parte de casos y son también causa de confusión entre la población, ya que mucha gente piensa que la urticaria crónica está provocada por un agente exógeno y no es así.

De hecho, los pacientes con urticaria crónica espontánea presentan con frecuencia alguna otra enfermedad autoinmune asociada. La diferencia es que se trata de una autoinmunidad que no lesiona un tejido, sino que estimula una célula, el mastocito, para que libere histamina. Respecto a los desencadenantes que pueden dar lugar a la aparición de un episodio, la Dra. Giménez-Arnau comenta que, «siendo un fenómeno autoinmune, los desencadenantes pueden ser varios: antiinflamatorios no esteroideos (AINE), infecciones crónicas, estrés o ciertas situaciones de la vida que pueden alterar a la persona».

Los alimentos raramente actúan como factores agravantes y, por tanto, las dietas restrictivas no están indicadas en la gran mayoría de los casos. La Dra. Giménez-Arnau explica que la primera línea del tratamiento de la urticaria crónica espontánea consiste en el uso de antihistamínicos de segunda generación, no sedantes, en dosis autorizadas. "El problema –puntualiza– es que la indicación de urticaria crónica de estos fármacos es secundaria a la rinitis alérgica, por lo que las dosis licenciadas suelen ser insuficientes para la urticaria crónica. De ahí que muchos casos no se puedan controlar y sea necesario avanzar al segundo escalón".

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