Cuando el invierno trae consigo el moho, al que cada vez más personas son alérgicas

Cuando el invierno trae consigo el moho, al que cada vez más personas son alérgicas

En ocasiones se producen factores fuera de nuestro control que nos producen alergia... es el caso del moho, un factor de riesgo que se produce fundamentalmente durante el invierno, y cuya la prevención se convierte en un desafío en esta época del año.

 

Debido al frío de la época invernal, lo más normal es que pasemos más tiempo metidos en casas, y también, que fruto de las bajas temperaturas y de las precipitaciones, ventilemos los hogares mucho menos que en verano, e incluso es habitual que tendamos la ropa dentro... el caso es que para el moho, este ambiente cerrado y húmedo es ideal...

Una vez que ese moho se instala en el hogar, es fácil respirar sus diminutas esporas, y en cuanto nuestro sistema inmune las detecta, comienza a atacarlas de la misma manera que lo haría con un virus. Es entonces cuando nuestro cerebro ordena a los músculos que se contraigan, a los ojos y al paladar que se cierren y, sin que nos demos cuenta, nos podemos encontrar con que no paramos de estornudar.

Durante el invierno el uso de la calefacción se vuelve más frecuente y, al mismo tiempo, se generaliza la utilización de humidificadores para combatir la sequedad del ambiente. El caso es que el uso de este tipo de aparatos puede propiciar las alergias producidas por hongos; o mejor dicho, por el moho.

Así las cosas, cuando hay humedad por condensación o por filtración es muy probable que aparezca el moho.

Existen diferentes mohos comunes en interiores, pero solo ciertos tipos de moho son los que causan las alergias. Es el caso de la Alternaria, el Aspergillus, el Cladosporium o el Penicillium. Todos ellos son ubicuos y se pueden encontrar en casi todas las regiones del planeta.

Las viviendas y edificios más afectados son los cercanos al mar, donde la humedad está presente de manera natural. En estos casos, el género Alternaria es el más habitual y peligroso desde el punto de vista alergológico; y la liberación de sus esporas alcanza su pico a finales de verano y otoño, aunque su temperatura óptima de crecimiento se sitúa alrededor de los 20 y 25 ºC.

Tanto este tipo de moho como los otros son los responsables de numerosos casos de rinitis, rinoconjuntivitis y asma de carácter crónico, que suelen producirse en la época invernal.

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