Cuando se padece alergia al marisco y llega la Navidad...

Con la llegada de la Navidad son frecuentes las comidas fuera de casa e incrementar considerablemente la ingestión calórica habitual. A estos excesos gastronómicos habituales durante estas fechas se suman a menudo reuniones de compañeros de trabajos o de amigos, donde es frecuente el consumo de marisco, un alimento muy saludable, con muchas propiedades nutricionales similares a las del pescado y que aportan ácidos grasos poliinsaturados. Se trata de un alimento rico en proteínas de alto valor nutricional, minerales entre los que destaca el calcio y el magnesio, vitaminas del grupo B y que, además, aporta pocas calorías.

Sin embargo, es precisamente el marisco uno de los productos que provocan alergias alimentarias con mayor frecuencia, y que en los adultos se llega a situarse como el tercer alimento que más frecuentemente causa alergia, por detrás de las frutas y los frutos secos.

En el estudio Alergológica 2015 (Factores epidemiológicos, clínicos y socioeconómicos de las enfermedades alérgicas en España 2015) se constata que las alergias alimentarias constituyen el quinto motivo de consulta en alergología, por detrás de la rinoconjuntivitis, el asma, la hipersensibilidad a medicamentos y la urticaria/angioedema; al tiempo que constituyen el 11 % de los motivos de consulta inicial a un alergólogo, un 60 % más comparado con los resultados del mismo estudio realizado en 2005.

Los mariscos son un grupo muy heterogéneo de alimentos, siendo los más conocidos los crustáceos y los bivalvos, pero también el caracol de tierra y el calamar pertenecen a este grupo.

Se puede tener alergia a un grupo de mariscos pertenecientes a la misma clase o a todos a la vez, ya que existe reactividad cruzada entre ellos, lo que es debido a que el proceso de base de la alergia consiste en el reconocimiento de alguna proteína del alimento.

Cuando nuestro sistema inmune detecta esta proteína, desencadena una serie de reacciones en cascada que causan los conocidos síntomas de la alergia. Debido al origen común de estos alimentos, tienen muchas proteínas similares, con lo que se puede desarrollar alergia a todos con sólo haber ingerido alguno de ellos.

Por ejemplo, los ácaros del polvo doméstico son artrópodos, filogenéticamente muy similares a los mariscos, principalmente a los crustáceos, como la gamba, el langostino o el cangrejo, es decir comparten proteínas con los mariscos.

El cas es que numerosos pacientes con rinitis y asma por alergia a ácaros tienen alergia a mariscos como consecuencia de la primera; y la principal proteína responsable de este fenómeno de reactividad cruzada es la tropomiosina, muy resistente al calor e hidrosoluble, por lo que se puede encontrar en los vapores de cocción y caldos de mariscos.

En ocasiones no es necesario consumir el cuerpo de la gamba, y solo con olerla o ingerir el caldo es suficiente para padecer alergia. De esta manera, las personas que presentan cualquier efecto adverso asociado a los mariscos debe realizarse las pruebas correspondientes.

Por otra parte, la reacción, en caso de aparecer, puede ser de mayor gravedad si se padece alguna enfermedad de base, principalmente cardiaca o respiratoria. En estos casos es importante destacar el riesgo de padecer una reacción adversa muy grave en aquellos pacientes que han tenido una anafilaxia previa con el mismo alimento, y es de suma importancia llevar siempre un dispositivo de adrenalina para autoadministración, un tratamiento que prescribirá el alergólogo.

Dada la gravedad que puede llegar a tener una reacción alérgica de este tipo, ees fundamental acudir de forma inmediata a un servicio de urgencias y administrar la medicación prescrita en caso de gravedad, siendo fundamental hacerlo con prontitud, aunque esto no sustituye la necesidad de acudir a urgencias.

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