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Las mascotas sufren cada vez más problemas dermatológicos

Picor, enrojecimiento, eccemas e incluso heridas e infecciones a causa del rascado excesivo... se trata de problemas de piel que se han vuelto frecuentes en gatos y, sobre todo, en perros.

El organismo reacciona frente a un elemento externo interpretado como nocivo o busca desesperadamente eliminar toxinas a través de la piel, por lo que aparecen los mencionados síntomas que tanto hacen sufrir a nuestros animales... hasta el punto de que se podría hacer un paralelismo con los numerosos casos de personas con piel sensible, dermatitis, etcétera.

Para establecer un tratamiento adecuado, en primer lugar hay que determinar si se trata de una alergia o de una intolerancia alimentaria. La alergia es una reacción inmunitaria del organismo frente a una sustancia generalmente inocua como el polen, los ácaros del polvo o el humo de tabaco. También se puede tener una reacción alérgica por una picadura de insecto o por haber ingerido determinados alimentos. En un caso hablamos de alergias ambientales a elementos externos que provocan principalmente problemas dermatológicos (prurito, irritación, enrojecimiento…), mientras que en el caso de los alimentos, aunque también generan síntomas dermatológicos, sobre todo acarrean problemas digestivos.

Nueve de cada diez casos de prurito de tipo alérgico en perros y gatos es por causas ambientales. Se trata de una hipersensibilidad a un alérgeno como por ejemplo los ácaros del polvo, y esto se debe a que estos animales pasan la mayor parte del tiempo dentro de casa.

Hay otras alergias que son producidas por elementos como el polen, las gramíneas y otro tipo de plantas con las que entran en contacto al salir del hogar. El resto de alergias, muy minoritarias, son alimentarias, normalmente a proteínas de origen animal o a la soja.

Otras causas de los problemas dermatológicos son las infecciones bacterianas o por levaduras, así como los hongos y los parásitos. Por otro lado, se dan cada vez más casos de intolerancias alimentarias, como ocurre en los humanos, en las que no interviene el sistema inmunitario. La más frecuente es la intolerancia a la lactosa por déficit de una enzima llamada lactasa, pero también hay intolerancias al gluten, es decir, hay animales celíacos, como ocurre con muchas personas.

Los perros de raza setter irlandés, por ejemplo, suelen sufrir mucho este problema; y hay que tener en cuenta, como apuntan los defensores de la dieta cruda (BARF) que excluye los cereales, que los perros y gatos son carnívoros y por eso los cereales les producen tantos problemas, a corto o largo plazo.

Las intolerancias alimentarias se manifiestan, sobre todo, a través de trastornos digestivos como: diarrea, colitis, vómitos, flatulencias, heces con sangre, etcétera, porque el organismo no tolera un ingrediente de la dieta y lo quiere eliminar lo antes posible.

En cualquier caso, el problema dermatológico por intolerancia se refiere a un alimento o a un ingrediente de un alimento procesado. Esa sustancia irrita el sistema digestivo que no es capaz de digerirlo adecuadamente, generando inflamación. Además, mientras que en el caso de las alergias alimentarias se produce una reacción inmediata tras ingerir una pequeña cantidad de una comida determinada, las intolerancias alimentarias se hacen visibles al cabo de un tiempo, por saturación, tras consumir regularmente un alimento determinado.

Una pista muy clara de que se pueda tratar de intolerancia alimentaria y no de alergia es que el animal sufra frecuentes infecciones intestinales, ya que al ser el intestino quien tiene que combatir a los “invasores”, el sistema inmune se ve debilitado, ya que el 70 % del mismo se encuentra en las paredes del intestino delgado.

Para tratar a estos animales, es recomendable introducir en la dieta ácidos grasos Omega 3 DHA como los que tienen el atún o la sardina. Además, los baños son fundamentales para reducir los alérgenos, bacterias y levaduras, y con ello la inflamación. Sin embargo, hay casos en los que, tras un periodo de mejoría, los problemas dermatológicos reaparecen. De hecho, hay expertos que se preguntan por qué tantos animales necesitan eliminar un exceso de toxinas a través de la piel.

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