Ni el WiFi ni los móviles producen cáncer ni ningún tipo de alergia

La evolución lleva consigo un miedo inherente a lo desconocido, lo que unido al sobrediagnóstico y la detección precoz de enfermedades de origen difuso como el cáncer o las laergias, hace que muchos aten cabos de manera arbitraria y culpen a las nuevas tecnologías de causar dichas enfermedades.

La demonización del WiFi y su relación con el cáncer es uno de esos temas que aflora cada cierto tiempo y que además, como todo lo que remueve el miedo colectivo y la polémica, se extiende como la pólvora a través de las redes sociales. Sin embargo, según las organizaciones sanitarias, no hay evidencias de la relación entre los campos electromagnéticos como los del WiFi y el cáncer.

Según recoge Xataka, los expertos defienden de manera taxativa que no hay evidencias científicas ni estudios epidemiológicos que sugieran una relación causal demostrada entre las radiaciones WiFi y enfermedades como el cáncer. El primer motivo de esta afirmación es la propia naturaleza de las radiaciones WiFi. Éstas son no-ionizantes, es decir, su energía es demasiado baja para provocar mutaciones en el ADN a diferencia de otro tipo de fuentes de radiación como los métodos de diagnóstico mediante rayos X.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye al WiFi dentro de la misma categoría de "posible cancerígeno" que el café, la naftalina o el aloe vera, incluyendo las ondas electromagnéticas en el grupo 2B de la clasificación de elementos cancerígenos. Dicha categoría engloba todos aquellos elementos que son posiblemente cancerígenos, pero sin afirmar ni concluir, debido a la falta de evidencias científicas que lo atestigüen.

Los teléfonos móviles también has sido protagonistas de polémicas sin fundamentos reales como las del WiFi, debido a que la radiación emitida es similar en niveles energéticos que la utilizada por el sistema de comunicaciones inalámbricas. Durante años nos hemos ido encontrando con toda una plétora de estudios que relacionaban el uso del teléfono móvil con algunos tipos de cáncer como los tumores cerebrales, pero a menudo se trata de estudios deficientes que desafortunadamente son utilizados como premisa para artículos sensacionalistas.

Que estos estudios sean incompletos o deficientes, no implica necesariamente que sean erróneos, pero desde luego no se pueden utilizar para justificar el alarmismo. Y hablando de alarmismo, también hemos oído hablar de personas con hipersensibilidad a los campos electromagnéticos como los de las redes WiFi, conocida popularmente como "alergia al WiFi", otro tema que carece de total evidencia a pesar de que algunos tribunales lo han reconocido sin relación demostrada, como un simple efecto nocebo.

En conclusión, el vínculo entre el cáncer y las alergias y el uso del WiFi es el mismo que hay entre las vacunas y enfermedades como el autismo: solo existen en el discurso de aquellos que tienen algún tipo de interés en mantener vivo el miedo.

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