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Verificar con precisión la alergia a la penicilina mejora el tratamiento de los pacientes

Verificar con precisión la alergia a la penicilina puede mejorar los resultados del tratamiento en los pacientes, así como evitar la propagación de la resistencia a los antibióticos, según una revisión de artículos, publicada en la revista Jama, donde se resumen las mejores prácticas para la evaluación de las alergias de penicilina informadas y que proporciona a los médicos una herramientas para determinar los procedimientos más adecuados según la gravedad de las reacciones alérgicas.

El informe es el resultado de una colaboración entre médicos en el Hospital General de Massachusetts (MGH), Kaiser Permanente y el Northwestern Medicine en Northwestern. La doctora Erica Shenoy, de la División de Enfermedades Infecciosas, y autora principal, y la doctora Kimberly Blumenthal, de la División de Reumatología, Alergia e Inmunología, han estado trabajando en la evaluación de la alergia a la penicilina durante varios años; y el informe actual es el resultado de un desarrollo de consenso entre la Academia Americana de Alergia, Asma e Inmunología, la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de América y la Sociedad para la Epidemiología de la Atención Médica de América.

Si bien más de 32 millones de personas en los EE.UU. tienen una alergia a la penicilina documentada en su registro médico, los estudios han demostrado que más del 95 % puede tratarse de manera segura con esta clase de antibióticos, mejorando los resultados del tratamiento y reduciendo el riesgo de infección con patógenos resistentes y peligrosos.

El uso común de la penicilina y antibióticos relacionados, los llamados betalactámicos, está detrás de frecuentes informes de alergia a la penicilina. "Muchas alergias a la penicilina informadas se establecen durante la infancia, cuando es el antibiótico más recetado con más frecuencia. Si se prescribe una penicilina para una infección viral en lugar de bacteriana, el virus puede causar una erupción que se desarrolla como una alergia a la penicilina, que luego se documenta en el expediente del paciente y nunca más se vuelve a cuestionar", han señalado las autoras.

El problema de esta situación, es que "estar etiquetados como alérgicos puede hacer que los pacientes no reciban penicilinas y medicamentos relacionados que a menudo son los mejores medicamentos para tratar o prevenir infecciones comunes".

La clave para las recomendaciones del equipo es llevar un historial completo de la reacción que llevó a documentarse la alergia, que puede ayudar a determinar el nivel de riesgo del paciente y los procedimientos apropiados en un futuro. "Una historia simple a menudo puede distinguir las intolerancias (por ejemplo, dolores de cabeza o náuseas) de las alergias. Los efectos secundarios se deben juzgar por su gravedad y, luego de una discusión con el paciente, los médicos deben considerar la seguridad de un posible desafío farmacológico", ha señalado Blumenthal, quien recuerda la importancia de dejar constancia de síntomas como urticaria, dificultad para respirar, sibilancias o anafilaxia.

Los autores destacan la evaluación de una alergia a la penicilina documentada puede y debe realizarse en cualquier entorno clínico, desde una atención ambulatoria de rutina hasta la preparación para la cirugía u otros procedimientos, y para todos los pacientes con dicha documentación, incluidos niños y mujeres embarazadas.

Según el artículo, la evaluación de una alergia a la penicilina informada, independientemente de la necesidad actual de un antibiótico, puede llevar a beneficios realmente importantes para nuestra pacientes.

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