Relacionan la alergia a los alimentos con la exposición a la piel

La alergia a los alimentos infantil y juvenil, cuya causa ha sido durante mucho tiempo un misterio, se ha relacionado ahora con una combinación de factores ambientales y genéticos que deben coexistir para desencadenar la alergia, según un nuevo estudio de Northwestern Medicine, de Estados Unidos.

Los factores que contribuyen a la alergia alimentaria incluyen la exposición de la piel a alérgenos en el polvo, la genética que altera la absorbencia de la piel, el uso de toallitas limpiadoras para bebés que dejan jabón en la piel o la exposición de la piel a alimentos por partes de quienes les cuidan.

La alergia alimentaria se desencadena cuando estos factores ocurren juntos. "Esta es una receta para desarrollar la alergia a los alimentos", ha advertido la autora principal del estudio, Joan Cook-Mills, profesora de Alergia e Inmunología de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern.

"Se trara de un gran avance en nuestra comprensión de cómo la alergia a los alimentos comienza temprano en la vida", ha añdido esta experta, cuyo trabajo ha sido publicado en el Journal of Allergy and Clinical Immunology.

Según ha detsacado Cook-Mills, "se puede reducir la exposición de la piel del bebé a los alérgenos alimentarios lavándose antes las manos"

Cuenta Redacción Médica que la prevalencia de alergia a los alimentos informada aumentó un 18 % entre los niños menores de 18 años entre 1997 y 2007. Los datos recientes también muestran que las hospitalizaciones con diagnósticos relacionados con las alergias alimentarias se han incrementado entre los niños. Las buenas noticias son que los factores que conducen a la alergia alimentaria pueden modificarse en el entorno familiar, ha apuntado Cook-Mills, quien ha afirmado que "se puede reducir la exposición de la piel del bebé a los alérgenos alimentarios lavándose las manos antes de manejar al bebé. También hay que limitar el uso de toallitas para bebés que dejan jabón sobre la piel y aclarar el jabón con agua como solíamos hacer hace años".

Cook-Mills realizó el descubrimiento mediante el uso de evidencia clínica sobre la alergia alimentaria en humanos, los efectos de alérgenos alimentarios y exposiciones a alérgenos ambientales y ratones neonatales con mutaciones genéticas que ocurren en humanos. La evidencia clínica muestra que hasta el 35 % de los niños con alergias alimentarias tienen dermatitis atópica y gran parte de esto se explica por al menos tres mutaciones genéticas diferentes que reducen la barrera cutánea.

La investigadora empleó un modelo de ratón neonatal con mutaciones en la barrera de la piel y trató de exponer su piel a alérgenos alimentarios como el maní. "Entonces pensé a qué están expuestos los bebés. Están expuestos a alérgenos ambientales en el polvo de un hogar. Puede que no coman alérgenos alimentarios como recién nacidos, pero se los están poniendo en la piel. Por ejemplo, un hermano con mantequilla de cacahuete en la cara que besa al bebé o un padre preparando comida con cacahuete y luego maneja al bebé".

Los problemas de piel que ocurren con las mutaciones de la barrera cutánea pueden no ser visibles hasta mucho después de que la alergia alimentaria ya haya empezado. Los ratones neonatales con las mutaciones tenían piel de apariencia normal, y la piel con picazón seca de la dermatitis no se desarrolló hasta que los roedores cumplieron unos meses de edad, el equivalente de un adulto joven en los años humanos.

Después de que los ratones neonatales recibieroan de tres a cuatro exposiciones a la piel de los alérgenos de los alimentos y el polvo durante 40 minutos durante un periodo de dos semanas, se les dio huevo o un cacahuete por vía oral. Los roedores tuvieron reacciones alérgicas en el sitio de exposición de la piel, reacciones alérgicas en el intestino y reacción alérgica grave a los alimentos de la anafilaxia que se mide por la disminución de la temperatura corporal.

En los estudios preclínicos, los ratones neonatales también fueron heterocigotos para las mutaciones de la barrera cutánea y fueron expuestos conjuntamente a alérgenos alimentarios como proteínas de huevo y maní, alérgenos en polvo (ácaro del polvo doméstico o moho Alternaria alternata) y lauril sulfato de sodio, un jabón presente en las toallitas de higiene infantil.

Estos novedosos estudios con animales proporcionan una base para probar intervenciones que bloquearán de manera más efectiva el desarrollo de la alergia a los alimentos en bebés y niños, según Cook-Mills

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